41. Cádiz Blues

Hay veces que notas la vibración del móvil. Lo miras y no hay nada. Vibración fantasma, lo llaman. Aquella noche (hace unas pocas), tuve esa sensación. Y decidí no mirar el móvil, porque total, no iba a haber nada. Pero aquello no dejaba de vibrar. Y aunque estaba medio dormida por las horas que eran, abrí los ojos. Miré el móvil, que ya iluminaba toda mi pequeña habitación. Era una llamada. Era él. Hora y media de llamada. Hora y media de hablar de todo. Y de nada. Porque los silencios entre nosotros, aunque sean por teléfono, nunca son incómodos. Porque los dos sabemos qué piensa el otro el tiempo que duran esos silencios…

Hacía cerca de cinco años que nos conocíamos. Y nuestra historia podría resumirse en idas y venidas, suyas y mías. Porque siempre volvíamos el uno al otro. A pesar de la distancia. A pesar del daño que, sin querer, a veces, nos habíamos hecho. Nuestra historia sonaba a flamenco y a 3×4, a compás carnavalero. Sabía a tortillita de camarones, piriñaca y papas aliñás. Y olía a la sal de la Caleta. Nuestra historia era (es y será) Cádiz. Porque no sé cómo ni dónde acabará esto. Pero sé lo que fue. Sé que fue el Mentidero. Que ninguno de los dos vivíamos en Cádiz, pero que el destino, o lo que sea, nos puso a los dos en aquella placita gaditana. Eso es lo único que sé…

 

 

Aún recuerdo aquella noche, fuimos los reyes de Cádiz… Yo miraba tus acáis, y en su brillo pude ver el cielo de Cádiz encendío. Y del poniente que soplaba con tronío, no sentimos ni ese frío. La Viña, la catedral, y sin dejarte de mirar, en el balcón de la Alameda, la luna iluminando nuestros miedos, y tu cara mi mundo entero… Llévame, llévame, ay llévame. Y en esa calle tan marinera, por testigo el faro y la marea, nos dimos la mano…Llévame al Barrio Santa María… Que se pare el mundo esta noche… porque aquí lo tengo tó.

 

 

… tanto Cádiz ante mi ventana, Tacita lejana, aquella mañana pude contemplar. Las olas de la Caleta, que es plata quieta, rompían contra las rocas de aquel paseo… Sonaban por la Alameda, por Puerta Tierra, y me traían, ay, tierra mía, desde mi Cádiz el mismo son… Aún pregunto quién me lo cantaba… Y yo, Cádiz, te dedico y te lo explico por qué te canto este tango… de esta manera, esta habanera de piriñaca y de Carnaval… Son de chirigota… ¡Que lo canta ya un coro en la plaza! Que tengo un amor en La Habana y el otro en Andalucía… tó Cádiz, la Catedral, La Viña y -sobre todo- El Mentidero… Y verán que no exagero si al cantar la habanera repito: La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero…

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